miércoles, 7 de marzo de 2012

1 CARTA A LOS CORINTIOS. SABER RENUNCIAR A LOS PROPIOS DERECHOS. 9,1-23.

9          1¿No soy libre?, ¿no soy apóstol?, ¿es que no he visto a Jesús Señor nuestro?, ¿no es obra mía el que vosotros seáis cristianos? 2Si para otros no soy apóstol, al menos para vosotros lo soy, pues el sello de mi apostolado es que vosotros sois cristianos. 3Ésta es mi defensa contra los que me discuten.
              4¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber?, 5¿acaso no tenemos derecho a viajar en compañía de una mujer cristiana como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?, 6o ¿somos Bernabé y yo los únicos que no tenemos derecho a dejar otros trabajos? 7¿Cuándo se ha visto que un militar corra con sus gastos?, ¿quién planta una viña y no come de su fruto?, ¿qué pastor no se alimenta de la leche del rebaño?
             8¿Qué son humanas las razones que alego?, ¿o es que la Ley, por su parte, no dice también eso? 9Porque en la Ley de Moisés está escrito: "No pondrás bozal al buey que trilla" (Dt 25,4). ¿Le importan a Dios los bueyes, 10o lo dice precisamente por nosotros? Sí, se escribió por nosotros, porque el que ara tiene que arar con esperanza, y el que trilla, con esperanza de obtener su parte. 11Si nosotros hemos sembrado para vosotros lo espiritual, ¿será mucho que cosechemos nosotros de vuestros bienes materiales?
12Si otros comparten los bienes de que disponéis, nosotros con mayor razón. Sin embargo, no hicimos uso de ese derecho, al contrario, sobrellevamos lo que sea para no crear obstáculo alguno a la buena noticia del Mesías.
             13Bien sabéis que a los que celebran el culto el templo los sustenta y que los que atienden al altar tienen su parte en las ofrendas del altar. 14Pues también el Señor dio instrucciones a los que anuncian el evangelio diciéndoles que vivieran de su predicación.
            15Yo, sin embargo, nunca he hecho uso de nada de eso, ni tampoco escribo estas líneas con intención de reclamarlo, más me valdría morirme que... Nadie me privará de este motivo de orgullo. 16Porque el hecho de predicar el evangelio no es para mí un motivo de orgullo, ése es mi sino, ¡pobre de mí si no lo anunciara! 17Si lo hiciera por mi voluntad, tendría mérito; pero si me han confiado un encargo independientemente de mi voluntad, 18¿dónde está entonces mi mérito? En predicar el evangelio ofreciéndolo de balde, sin aprovecharme del derecho que me da esa predicación.
           19Soy libre, cierto, nadie es mi amo; sin embargo, me he puesto al servicio de todos, para ganar a los más posibles. 20Con los judíos me porté como judío para ganar judíos; con los sujetos a la Ley, me sujeté a la Ley, aunque personalmente no esté sujeto, para ganar a los sujetos a la Ley. 21Con los que no tienen la Ley, me porté como libre de la Ley, para ganar a los que no tienen Ley -no es que yo esté sin Ley de Dios, no, mi Ley es el Mesías-; 22con los inseguros me porté como inseguro, para ganar a los inseguros. Con los que sea me hago lo que sea, para ganar a algunos como sea. 23Y todo lo hago por el evangelio para que la buena noticia me aproveche también a mí.

EXPLICACIÓN.

1-23.    Ejemplo de Pablo: renuncia a sus derechos para no poner obstáculo al evangelio. Toca dos puntos sensibles: su libertad y su carácter de apóstol. La existencia de la comunidad de Corinto es la prueba fehaciente de su calidad de apóstol; cristianos (1), lit. "en el Señor", equivalente a "en Cristo", cf. Rom 9,1 (1-3).

            Esto era indiscutible para los corintios, pero había otro punto en que Pablo difería de los demás apóstoles: trabajaba por su cuenta o recibía ayudas de otras comunidades, en vez de ser sustentado por los cristianos de Corinto (Hch 18,3s); en cambio, otros apóstoles y los parientes de Jesús y Pedro recibían ayuda para ellos y sus mujeres. Posiblemente se argumentaba así: si Pablo fuese realmente apóstol tendría las mismas ventajas de los otros apóstoles. Si tiene que ganarse la vida, no es un verdadero apóstol (4-6).

          Pablo responde a esta argumentación negando las premisas; ser sustentado por los que se benefician del propio trabajo no es privilegio de un apóstol, sino práctica común en la sociedad (7).
          Así lo dice también la Escritura (Dt 25,4) (8-9) y ese dicho se aplica a los que trabajan por el evangelio (10-12a). Pero él no quiere usar de ese derecho, para evitar obstáculos a la predicación de la buena noticia (12b).

         No sólo en el terreno civil, también en lo religioso se hacía lo mismo (13) y se aplica a los predicadores del evangelio por voluntad del Señor (14). Pero libremente ha decidido no hacerlo; parece querer mostrar con esto la calidad de su dedicación a cumplir el encargo recibido (15-18).

         Reafirma su libertad (19). Algunos podían ver en su conducta falta de coherencia. Pablo no la niega, sino que la justifica. Él, como todo cristiano, está libre de leyes religiosas, pero administra esa libertad según las circunstancias de la predicación (20-23).

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